Parrilla del Ñato -
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Pido silencio profundo,
y como historiador me explayo, del hombre, del oriental, el cancerbero uruguayo, avezado en los tres palos por ese olfato envidiable, de su nariz divisable de leeejos en el horizonte, parrillero allá en el  monte, la rima ya no dilato por si queda alguna duda señores,  hablo del Ñato.


Se vino con sus championes,
viajando del Uruguay,
de su Colonia natal
a la Perla del Pacífico,
del Peñarol más prolífico, a atajar en Emelec,
quien diría que un bistec, lo llenaría aún de más glorias, y aunque estén en la memoria,
sus mejores atajadas, ahora son las parrilladas,
la mejor de sus jugadas.



Y es que a todo corazón se le entra por la barriga, y aunque las  encuestas digan que nadie aportó más brillo al   pasado del  bombillo, no hay casaca que resista  de liga o  barcelonista
su mítico solomillo.
   
O el Pecho de paloma tres cuartos, lomo fino, parrilladas, puede ser filete mignon chinchulines, milanesa, de todo hay para la mesa, las porciones son gigantes, media vaca lleva en motos a domicilio al instante, asando el Ñato es campeón y le queda como a pocos.




Si se habrá quemao las cejas con los grados de calor…
él, minucioso asador, el humo que habrá tragao por ser buen  embajador de la parrilla uruguaya, apláudame al  asador, como en aterrizaje fulero.
Buen arquero y parrillero, ese que hoy llena su plato,
siempre pronto pa atender, bienvenido ud. al Ñato.





Gracias te damos Señor, bendice estos alimentos, y por todo Tu   sustento, y todas Tus maravillas,
gracias Dios por la familia, nuestro hogar y la salud, y el sacrificio en la cruz, y por todo lo que has hecho, te  agradecemos Jesús, solo resta, el buen provecho.

 



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